ENFERMEDADES EN LAS QUE PUEDE AYUDAR EL CANNABIS

ALZHEIMER

La enfermedad de Alzheimer (EA) es un trastorno neurológico de origen incierto que se caracteriza por una pérdida progresiva de la memoria y del comportamiento aprendido. Los pacientes con enfermedad de Alzheimer también son propensos a sufrir de depresión, agitación y pérdida de apetito, entre otros síntomas. No hay tratamientos o medicamentos aprobados disponibles para detener la progresión de la EA.

Si bien aún es controvertida, una teoría ampliamente aceptada sobre el origen de la enfermedad de Alzheimer es que la deposición de proteína β-amiloide (Aβ) en regiones específicas del cerebro conduce a respuestas inflamatorias localizadas, lo que sumado a la acumulación de otra proteína (proteína tau) forman placas de deposición que finalmente dan lugar a una muerte neuronal con la consiguiente pérdida de sinapsis funcionales y cambios en los niveles de los neurotransmisores. Se cree que estos procesos dan lugar a los síntomas asociados a la enfermedad, tales como déficit de memoria, alteraciones cognitivas y motoras.

Una revisión de la literatura científica reciente indica que la terapia de cannabinoides puede proporcionar alivio sintomático a los pacientes que sufren de EA y también moderar la progresión de la enfermedad. 

Estudios pre-clínicos: Cannabinoides y EA.

Existe cierta evidencia que sugiere un papel para el sistema endocannabinoide en la EA [1]. Un estudio in vivo (en animales) informó de una elevación en los niveles del endocannabinoide 2-araquidonoilglicerol (2-AG) en respuesta a la administración intracerebral de un  péptido específico para inducir la EA [2]. Otro estudio pre-clínico sugiere que el sistema endocannabinoide protege contra la excitotoxicidad (proceso por el cual las neuronas son dañadas y destruidas), el estrés oxidativo y la inflamación, todos eventos patológicos claves asociados con el desarrollo de EA [3]. También, investigadores informaron que la administración intracerebral de un cannabinoide sintético (WIN 55.212-2) previene el deterioro cognitivo y disminuye la neurotoxicidad en ratas inyectadas con proteína β-amiloide (proteína que se cree induce la EA). También se encontró que adicionalmente los cannabinoides sintéticos redujeron la inflamación asociada con la enfermedad de Alzheimer en tejido cerebral humano en cultivo. «Nuestros resultados indican que los receptores cannabinoides son importantes en la patología de la EA y que los cannabinoides tienen éxito en la prevención del proceso neurodegenerativo que ocurre en la enfermedad» concluyeron los investigadores [4].

Algunos investigadores sugieren que el THC podría unirse e inhibir una enzima (acetilcolinestereasa Ach) previniendo la formación de las placas. Los autores de este estudio señalan que en comparación a los fármacos actualmente prescritos para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, el THC es un inhibidor considerablemente superior de la agregación de Aβ (proceso que induce la EA). «El THC y sus análogos pueden proporcionar una mejor opción terapéutica para la enfermedad de Alzheimer así como para tratar simultáneamente los síntomas y la progresión de la enfermedad” [5]. Igualmente, estudios in vitro sugieren que el CBD (cannabidiol) puede tener efecto neuroprotector, anti-oxidante, y anti-apoptótico (anti muerte celular) [6, 7].  

Estudios clínicos: Cannabinoides y síntomas de la EA.

Hay muy pocos estudios clínicos de cannabis o cannabinoides en el tratamiento de la EA. Sin embargo, un estudio de 6 semanas con 12 pacientes que sufrían de demencia debido al Alzheimer informó que 5 mg de dronabinol (THC sintético) al día se asoció con una disminución de la conducta perturbada, así como una mejora en la ganancia de peso y disminución de los sentimientos negativos en pacientes con EA. Igualmente, se notificaron reacciones adversas, tales como fatiga, somnolencia y euforia (presumiblemente no deseada) en los pacientes tratados con dronabinol [8]. Otro estudio abierto de seis pacientes sugiere que una dosis de 2,5 mg dronabinol por la tarde redujo la agitación y la actividad motora nocturna en pacientes con demencia severa debido al Alzheimer [9]. En un caso-informe, un paciente que sufre de demencia por Alzheimer que había sido tratado sin éxito con al menos 5 medicamentos (para controlar la agresividad) fue tratado finalmente con nabilona (otro cannabinoide sintético), inicialmente 0,5 mg a la hora de acostarse, y luego dos veces por día, con inmediata reducción en la severidad de la agitación y la insubordinación y una eventual mejora de varios síntomas de comportamiento después de seis semanas de tratamiento continuo [10]. No está claro si los efectos beneficiosos observados en estos tres estudios están relacionados con los efectos sedantes del THC o a otro mecanismo dependiente de cannabinoides.

También vale la pena señalar que un estudio transversal informó que el uso prolongado de cannabis ingerido o inhalado se asoció con un peor rendimiento en varios dominios cognitivos (por ejemplo, la velocidad de procesamiento de información, la memoria de trabajo, la función ejecutiva y la percepción visoespacial en pacientes con esclerosis múltiple [11]. Por tanto, efectos adversos similares se podrían esperar en el contexto de la demencia por Alzheimer.

A pesar de los buenos resultados observados en los ensayos pre-clínicos, no se puede concluir que la terapia de cannabinoides es completamente efectiva en el tratamiento de la EA. En el 2009, una revisión de los artículos publicados sobre el uso de cannabinoides para el tratamiento de la demencia concluyó que no había pruebas suficientes para sugerir que los cannabinoides son eficaces en la mejora de  la alteración de la conducta, en la demencia o en el tratamiento de otros síntomas de esta, señalando que se necesitan más ensayos doble ciego controlados con placebo para determinar si los cannabinoides son clínicamente eficaces [12]. Sin embargo, un estudio anterior de 1997 observó una mejora en la ganancia de peso y disminución de los sentimientos negativos en pacientes con EA que utilizaron un medicamento análogo sintético del cannabis [8].

Referencias

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  3. Noonan , J, Tanveer R, Klompas A, Gowran A, McKiernan J, Campbell VA.Endocannabinoids prevent beta-amyloid-mediated lysosomal destabilization in cultured neuronsJ Biol Chem, 2010, 285:38543–38554.
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  7. Booz, G. W. (2011). Cannabidiol as an emergent therapeutic strategy for lessening the impact of inflammation on oxidative stressFree Radical Biology and Medicine51(5), 1054-1061.
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  12. Krishnan, S., Cairns, R., & Howard, R. (2009). Cannabinoids for the treatment of dementiaThe Cochrane Library.

ARTROSIS Y ARTRITIS

El término artritis sirve para designar la existencia de inflamación (con el consiguiente dolor) en alguna articulación que incluye un amplio espectro de diferentes trastornos, por ejemplo, la artrosis (osteoartritis), la artritis reumatoide, la espondilitis anquilosante, y muchos otros. Entre ellas, la artrosis no es una verdadera artritis, ya que está provocada por fenómenos degenerativos en la articulación y no por inflamación de la misma, pero es la causa principal de discapacidad en personas mayores de 65 años en los países desarrollados. Por otro lado, la artritis reumatoide es una enfermedad destructiva, autoinmune que afecta a un más pequeño, número de población adulta.
Mientras que estudios científicos han demostrado que articulaciones, huesos y músculos tienen un sistema endocannabinoide funcional [1-3], hay relativamente poca información científica o médica sobre el uso de cannabis o cannabinoides para tratar cualquiera de estos trastornos. La información disponible se resume a continuación.

Artrosis

Hay muy poca información disponible sobre el uso de cannabis o cannabinoides para el tratamiento de la artrosis. Un estudio informó de niveles elevados de endocannabinoides (cannabinoides naturales producidos por nuestro cuerpo) anandamida y 2-araquidonoilglicerol en la médula espinal de ratas con artrosis inducida experimentalmente [3,4]. Otro estudio en ratas, informó que la inyección intra-articular de un activador del receptor cannabinoide CB1 se asoció con una supresión de la actividad nociceptiva (percepción del dolor) desde las fibras del dolor que inervan las articulaciones cuando estas se sometieron a una rotación lesionadora [5]. Por último, la administración local (inyección cercana a la articulación afectada) de un inhibidor de la degradación de los endocannabinoides, que por tanto aumenta la presencia de endocannabinoides en el sistema, se asoció con una disminución del dolor en dos modelos diferentes de osteoartritis en roedores [6]. Experimentos de comportamiento llevadas a cabo en estas ratas sugirieron que el tratamiento con el inhibidor también disminuyó el dolor articular medido por una disminución de la discapacidad del miembro afectado [6].

Hasta la fecha no se han realizado estudios clínicos con pacientes sobre el uso de cannabis o cannabinoides para el tratamiento de la artrosis. Sin embargo, el actual Reglamento de acceso a Marihuana Médica del departamento de salud de Canadá, permite el uso de marihuana para aquellos pacientes que experimentan dolor severo asociado con artritis severa que; o bien no se han beneficiado, o no sería considerado que se beneficiara de los tratamientos convencionales [7]. 

Artritis reumatoide

La artritis reumatoide es una enfermedad sistémica autoinmune caracterizada por una inflamación progresiva de las articulaciones que lleva a la destrucción de estas, generando incapacidad, dolor significativo y otras complicaciones sistémicas  como por ejemplo, cardiovascular, pulmonar, psicológicos, así como otros trastornos óseos como la osteoporosis [8,9].
Un estudio en un modelo de rata de artritis reumatoide informó de que el tratamiento con THC o anandamida se asoció con una anti-nocicepción (reducción de la sensibilidad al dolor) significativa en un prueba de presión sobre una pata [10]. Otro estudio utilizando el mismo modelo animal demostró una interacción anti-nociceptiva sinérgica entre el THC y morfina en ratas artríticas y no artríticas con la misma prueba de presión sobre una pata [11].
En seres humanos, un estudio encontró que los niveles del endocannabinoide anandamida y 2-araquidonoilglicerol (2-AG) en el líquido sinovial (líquido que se encuentra en las articulaciones) de pacientes con osteoartritis y artritis reumatoide eran mayores en comparación a los voluntarios control sin inflamación, sin embargo el significado de estos resultados es aún incierto [12].
Un estudio clínico preliminar que evalúa la eficacia del medicamento Sativex (derivado del cannabis) para tratar el dolor causado por la artritis reumatoide, informó de un efecto analgésico modesto pero estadísticamente significativo tanto en movimiento como en reposo en pacientes artríticos, así como la mejora en la calidad del sueño [13]. La administración de Sativex fue bien tolerada y no se observó toxicidad significativa. La dosis media diaria en la semana final del tratamiento fue de 5,4 pufs del spray (equivalente a 14,6 mg de THC y 13,5 mg de CBD por día, la duración del tratamiento fue de tres semanas). La gran mayoría de los efectos adversos fueron leves o moderados y no hubo retiro de pacientes del tratamiento relacionado los efectos adversos.
A pesar de la evidencia hallada hasta ahora, una reciente revisión de las publicaciones sobre cannabis y dolor concluyó que la evidencia en apoyo del uso de cannabis por vía oromucosa (por ejemplo, Sativex) para el tratamiento del dolor asociado con artritis reumatoide es débil y dado el perfil de efectos secundarios típicamente asociados con el uso de cannabinoides, los daños potenciales parecen ser mayores que cualquier beneficio modesto alcanzado [14]. Sin embargo, es necesaria mayor investigación para poder concluir si el uso de cannabis es realmente efectivo o no en el tratamiento del dolor asociado con esta enfermedad.
Igualmente, el actual Reglamento de acceso a Marihuana Médica  del departamento de salud de Canadá, permiten el uso de marihuana para aquellos pacientes que experimentan dolor severo asociado con artritis que, o bien no se han beneficiado, o no sería considerado para beneficiarse de los tratamientos convencionales [7].

Es importante señalar que los hallazgos relacionados a estas dos dolencias podrían ser aplicables a otros tipos de artritis.

Referencias

  1. Idris, A. I., & Ralston, S. H. (2010). Cannabinoids and bone: friend or foe?.Calcified tissue international87(4), 285-297.
  2. Watkins, B. A., Hutchins, H., Li, Y., & Seifert, M. F. (2010). The endocannabinoid signaling system: a marriage of PUFA and musculoskeletal healthThe Journal of nutritional biochemistry21(12), 1141-1152.
  3. Richardson, D., Pearson, R. G., Kurian, N., Latif, L., Garle, M. J., Barrett, D. A., … & Chapman, V. (2008). Characterisation of the cannabinoid receptor system in synovial tissue and fluid in patients with osteoarthritis and rheumatoid arthritisArthritis Research and Therapy10(2), R43.
  4. Sagar, D. R., Staniaszek, L. E., Okine, B. N., Woodhams, S., Norris, L. M., Pearson, R. G., … & Chapman, V. (2010). Tonic modulation of spinal hyperexcitability by the endocannabinoid receptor system in a rat model of osteoarthritis painArthritis & Rheumatism62(12), 3666-3676.
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  6. Schuelert, N., Johnson, M. P., Oskins, J. L., Jassal, K., Chambers, M. G., & McDougall, J. J. (2011). Local application of the endocannabinoid hydrolysis inhibitor URB597 reduces nociception in spontaneous and chemically induced models of osteoarthritisPain152(5), 975-981.
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  9. McInnes, I. B., & Schett, G. (2011). The pathogenesis of rheumatoid arthritis.New England Journal of Medicine365(23), 2205-2219.
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  11. Cox, M. L., Haller, V. L., & Welch, S. P. (2007). Synergy between Δ 9-tetrahydrocannabinol and morphine in the arthritic ratEuropean journal of pharmacology567(1), 125-130.
  12. Richardson, D., Pearson, R. G., Kurian, N., Latif, L., Garle, M. J., Barrett, D. A., … & Chapman, V. (2008). Characterisation of the cannabinoid receptor system in synovial tissue and fluid in patients with osteoarthritis and rheumatoid arthritis.Arthritis Research and Therapy10(2), R43.
  13. Blake, D. R., Robson, P., Ho, M., Jubb, R. W., & McCabe, C. S. (2006). Preliminary assessment of the efficacy, tolerability and safety of a cannabis-based medicine (Sativex) in the treatment of pain caused by rheumatoid arthritisRheumatology45(1), 50-52.
  14. Richards, B. L., Whittle, S. L., & Buchbinder, R. (2012). Neuromodulators for pain management in rheumatoid arthritisThe Cochrane Library.

ASMA

Existe evidencia sobre el uso de cannabis como tratamiento para el asma desde la década del 70 [1,2]. En cuanto a datos de estudios preclínicos, hay evidencia que sugiere un papel del sistema endocannabinoide en la regulación del tono del músculo liso bronquial [3]. Mientras que estudios en animales con cannabinoides clásicos y sintéticos sugieren un posible rol de estos compuestos en el tratamiento del asma [4-6].

En la década de 1970, los primeros estudios clínicos demostraron una disminución significativa de la resistencia de las vías aéreas y un incremento en la conductancia de vías respiratorias en específico (en hombres sanos  fumadores habituales de cannabis), poco después de fumar cannabis [1,7]. Este efecto se ha atribuido en gran medida a las propiedades broncodilatadores del THC [8].

Sin embargo, para los asmáticos, los beneficios de fumar cannabis es probable que sean mínimos. Si bien fumar cannabis parece disminuir los broncoespasmos, aumentar la broncodilatación y mejorar modestamente la función respiratoria en algunos asmáticos [9-11], el humo del cannabis contiene gases nocivos y partículas que irritan y dañan el sistema respiratorio [8]; Por lo que fumar no es una terapia viable para el asma. Sin embargo, se han estudiado métodos de administración  de THC alternativos, por aerosol o administración oral. Dosis de 100 y 200 mg de Δ9-THC en aerosol mejoró significativamente la función ventilatoria en los asmáticos y fueron generalmente bien toleradas [12,13]. En otro estudio, dosis de 5-20 mg de  Δ9-THC en aerosol aumentó rápida y eficazmente la conductancia de las vías respiratorias en sujetos sanos, pero, produjo broncodilatación o broncoconstricción en asmáticos [14].

Por otra parte la administración oral de 10 mg Δ9-THC o 2 mg nabilona (cannabinoide sintético) no produjo broncodilatación clínicamente significativa en pacientes con obstrucción de las vías respiratorias reversible [2, 15,16].

En un  estudio reciente publicado en 2014, investigadores hallaron que  el THC y otros cannabinoides sintéticos bloquean las contracciones musculares en tejidos aislados de bronquios humanos, causadas ​​por una molécula de señalización llamada acetilcolina mediante la activación de los receptores CB1, lo que podría explicar el efecto broncodilatador producido por fumar marihuana [17].

Si bien, la marihuana fumada, puede no ser útil para el tratamiento periódico del asma, debido al efecto irritante del humo y los posibles efectos psicoactivos. La administración oral, o por medio de vaporizadores serían las alternativas para su uso terapéutico. También, los cannabinoides pueden ser de utilidad por su acción inmunomoduladora, interviniendo la naturaleza inflamatoria de la enfermedad. Lo que representa una nueva y prometedora vía de tratamiento.

Actualmente se están desarrollando derivados sintéticos hidrosolubles de cannabinoides (ya que los fitocannabinoides son liposolubes) para favorecer su administración en forma de aerosol. No obstante, aún no se evalúa su eficacia clínica.

Referencias

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  14. Tashkin, D. P., Shapiro, B. J., Lee, Y. E., & Harper, C. E. (1976). Subacute effects of heavy marihuana smoking on pulmonary function in healthy menNew England Journal of Medicine294(3), 125-129.
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CÁNCER

Primero, es necesario dejar en claro que no hacemos apología a que el cannabis es la cura milagrosa del cáncer, esta es una enfermedad compleja en la que intervienen muchos factores y por tanto cada caso es distinto de otro. No queremos dar falsas esperanzas, pero sí podemos afirmar que el uso de marihuana en muchos casos ayuda a llevar de mejor manera la enfermedad, igualmente creemos que falta mucha información para poder proclamar que el cannabis cura el cáncer.

Igualmente, son muchos los casos de personas que señalan que se han curado del cáncer mediante el uso de extractos concentrados de cannabinoides (generalmente en forma de aceite). El más famoso de ellos es el de Rick Simpson, un canadiense que señala que curó un cáncer a la piel (y otros problemas de salud) mediante el uso de aceite de marihuana. También está el caso de  la tan valiente Mykayla, una niña que a sus 7 años fue diagnosticada con una leucemia linfoblástica aguda que había hecho metástasis en su cerebro y el líquido cefalorraquídeo, y que a sus actuales 9 años se mantiene libre de cáncer gracias también a estos extractos. Y así muchos casos más, cuyos testimonios fácilmente son posibles de encontrar a través de internet y las redes sociales.

Por otro lado, lo que podemos afirmar a partir de los resultados de las investigaciones publicadas hasta ahora es que los beneficios medicinales del cannabis en el cáncer se relacionan a tres efectos fisiológicos derivados de la acción de los cannabinoides. La primera es la capacidad de algunos cannabinoides de detener la proliferación celular en tumores [1], así como incitar a las células cancerígenas al suicidio (apoptosis celular) sin afectar las células sanas [2]. La segunda es que ayuda a combatir las náuseas y vómitos (efecto antiemético), por lo que es muy útil en pacientes que están recibiendo quimioterapia/radioterapia ya que disminuyen estos molestos efectos secundarios. La tercera es la capacidad del cannabis de inducir el apetito, siendo muy útil en pacientes que presentan caquexia, un estado de desnutrición extrema dada por algunas enfermedades como cáncer, sida, anorexia y otras enfermedades autoinmunes. En  pacientes con cáncer que están recibiendo terapia es muy útil ya que permite mantener el apetito activo a pesar de la quimioterapia.

Es importante destacar que si bien existe mucha evidencia popular/informal, prácticamente todas las investigaciones científicas llevadas a cabo hasta ahora sobre cannabinoides y cáncer  son en su mayoría estudios pre-clínicos realizados utilizando células cancerígenas cultivadas en el laboratorio (in vitro) o en modelos animales (in vivo), ya que el ensayo en humanos (estudios clínicos) es el siguiente paso en la investigación, al que se espera llegar en los próximos años. Igualmente, esto no ocurre con el efecto antiemético y del apetito, ya que al estar relacionados con síntomas que se presentan comúnmente en muchas enfermedades, la eficacia del uso de cannabis y/o cannabinoides se encuentra comprobada y respaldada.

 Reducción y muerte de células cancerígenas.

Según muchos estudios científicos (en cultivos de laboratorio y modelos animales), diferentes cannabinoides (naturales y sintéticos) ejercen una amplia gama de efectos inhibidores del crecimiento de las células cancerosas *, incluyendo:

– Activación de la muerte celular, a través de un mecanismo llamado apoptosis.
– Supresión de la división celular.
– Inhibición de la formación de nuevos vasos sanguíneos en los tumores (proceso denominado angiogénesis).
– Reducción de las posibilidades de que las células cancerosas metastaticen al resto del cuerpo, impidiendo que las células migren o invadan los tejidos vecinos.
– Aceleración de la «máquina de eliminación de residuos» interna celular (proceso conocido como autofagia), que puede conducir a la muerte celular.

El último estudio difundido hasta la fecha que confirma este efecto fue publicado en julio de 2014 en el Journal of Biological Chemistry y mostró que inyecciones de THC en ratones con tumores implantados causó que las células se suicidaran (autofagia). También se redujo el crecimiento de tumores en líneas celulares (cultivo de células) de cáncer de mama y  de cerebro [2].

Otro estudio publicado en julio de 2011 demostró el efecto del CDB sobre la muerte celular programada en líneas celulares (cultivos) de cáncer de mama. Los investigadores descubrieron que el CDB induce la muerte celular programada, independiente de los receptores CB1, CB2, o vainilloides [3].

 Efecto Antiemético.

Las náuseas y vómitos inducidos por la quimioterapia son de los eventos adversos más angustiantes y comunes asociados con el tratamiento del cáncer. Mientras los vómitos en general parecen estar bien controlados con los tratamientos actuales, las náuseas (agudas, anticipatorias, o  tardías) permanecen más y mal controladas y el uso de cannabis o cannabinoides podría aportar algún tipo de beneficio en ciertos casos [4]. En efecto, medicamentos basados en cannabinoides son ampliamente recetados y utilizados para tratar estos efectos secundarios de la quimioterapia. Es importante tener en cuenta que se ha informado que el uso excesivo de cannabis puede desencadenar paradójicamente un síndrome de vómitos cíclicos crónico (hiperémesis).

Muchos pacientes en tratamiento que utilizan cannabis ven como este alivia las náuseas y vómitos posteriores a la quimioterapia, sus efectos son ampliamente reconocidos, y cada vez hay más evidencia que sugiere un rol importante del sistema endocannabinoide en la regulación de las náuseas y vómitos. Efectivamente, se han encontrado receptores cannabinoides CB1 y CB2  en las zonas del tronco cerebral asociadas con el control del vómito. Este efecto está mediado tanto por THC, como por CBD [5,6].

 Síndrome de desgaste y pérdida de apetito.

La capacidad del cannabis para aumentar el apetito ha sido popularmente reconocida durante muchos años. Todo usuario sabe que luego de consumir marihuana viene el conocido «bajón» o «munchie», un aumento del apetito repentino y fuerte. Estudios epidemiológicos sugieren que las personas que utilizan activamente cannabis tienen un mayor consumo de energía y entrada de nutrientes que los no usuarios [7]. Estudios de laboratorio controlados con sujetos sanos sugieren que la exposición al cannabis, ya sea por inhalación o ingestión oral de THC se correlaciona positivamente con el aumento en el consumo de alimentos, ingesta de calorías, y el peso corporal [8,9]. Además existen estudios que muestran una alta concentración de receptores CB1 en las áreas del cerebro asociadas con el control de la ingesta de alimentos y la saciedad, dando más soporte a la relación entre el consumo de cannabis y la regulación del apetito [10,11,12]. Además,  creciente evidencia sugiere un papel para el sistema endocannabinoide no sólo en la modulación del apetito, la palatabilidad de alimentos y la ingesta, sino también en el metabolismo energético y la modulación del metabolismo de lípidos y glucosa [13].

Actualmente se utiliza cannabis para inducir el apetito en pacientes de cáncer, así como enfermos de sida y anorexia nerviosa, también ha tenido éxito en enfermos de Alzheimer que se rehusaban a comer [14].

Referencias.

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Asociación Internacional por el cannabis como medicamento.

ANSIEDAD Y DEPRESIÓN

Los usuarios de cannabis informan recurrentemente reducciones en la ansiedad, aumento de la relajación y el alivio de la tensión [1]. Una encuesta realizada aproximadamente a 4400 personas sugirió que aquellos que consumían cannabis diariamente o semanalmente reportaron una disminución en el estado de ánimo deprimido, y un aumento en el afecto positivo, en comparación con los encuestados que afirmaron que nunca consumieron cannabis [2]. Sin embargo, el estudio sufrió de una serie de inconvenientes graves y por tanto debe ser interpretado con precaución.

Evidencia preclínica y clínica indica un papel importante del sistema endocannabinoide en la ansiedad y la depresión. Resultados de estudios en animales sugieren que dosis bajas de agonistas (activadores) de los receptores CB1 reducen el comportamiento ansioso y aumentan las respuestas anti-depresivas [3,4]. También, agonistas de los receptores CB1 parecen para mejorar la neurotransmisión serotoninérgica central y noradrenérgica, de manera similar a la acción de los medicamentos antidepresivos [5,6]. Pero por otro lado, estimulaciones de alto nivel de los receptores CB1, o la administración de antagonistas del receptor CB1, invierte esta respuesta y puede desencadenar una depresión [6-9].

La supresión de la señalización del sistema endocannabinoide es suficiente para inducir un estado depresivo tanto en animales como en humanos (revisado en [10]). Además, se han encontrado que las concentraciones de endocannabinoides se encuentran significativamente reducidas en mujeres con depresión mayor [11]. Estos hallazgos sugieren que el tono adecuado de endocannabinoides juega un papel importante en la regulación del humor.

Los datos clínicos para el cannabis y el THC

Primero, es importante señalar que el uso rutinario de  cannabis o de medicamentos en base cannabinoides para tratar la ansiedad o la depresión primaria debe considerarse con precaución, especialmente desanimando su uso a personas con antecedentes de trastornos psicóticos, la evidencia clínica limitada indica que estos fármacos pueden ser vías terapéuticas alternativas en pacientes que sufren de ansiedad o depresión secundaria a ciertas enfermedades crónicas. Por ejemplo, en un estudio de pacientes VIH + que informaron usar cannabis para manejar sus síntomas, el 93% citó una mejoría de la ansiedad y el 86% citó una mejora en la depresión [12]. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el 47% de los encuestados informó también deterioro en la memoria, que puede deberse tanto al uso de cannabis como a efectos de la enfermedad. La mejora del estado de ánimo también fue reportada como un efecto beneficioso del consumo de cannabis en pacientes que sufren de esclerosis múltiple [13]. Igualmente, se observaron mejoras en la ansiedad o depresión en un estudio sobre pacientes que sufren de dolor neuropático crónico y que fumaron cannabis [14].

El cannabidiol

Evidencia creciente sugiere un papel importante del cannabidiol (CBD) en la disminución de la ansiedad, aunque el grado en que el CDB (a las concentraciones que se encuentran comúnmente en el cannabis) es capaz de conseguir este efecto sigue siendo incierta [15,16]. Estudios preclínicos han demostrado que el CDB y derivados del CDB disminuyeron  el comportamiento ansioso en un modelo de rata [17]. Un estudio clínico del año 1980 mostró que el CDB (1 mg/kg) atenuó, los efectos ansiogénicos producidos por el THC (0,5 mg/kg) en ocho voluntarios sanos con historial de uso de marihuana [18]. Otro estudio clínico cruzado doble ciego, demostró que una sola dosis de CDB (400 mg) redujo significativamente la ansiedad anticipatoria, pero aumentó la sedación mental, aunque los resultados se consideraron preliminares y fueron sugeridos más estudios de seguimiento [19]. Estudios de imágenes del cerebro por tomografía computarizada (SPECT) mostraron que, en contraste con el placebo, el CDB disminuyó el flujo sanguíneo cerebral regional en las áreas corticales límbicas y paralímbicas, regiones implicadas en la fisiopatología de la ansiedad [19]. Por otro lado, un estudio más reciente, doble ciego aleatorizado y controlado con placebo mostró que 600 mg de CDB administrado por vía oral se asoció con una reducción significativa en la ansiedad, deterioro cognitivo, e incomodidad en pacientes que sufren de trastorno de ansiedad social generalizada sometido a una prueba simulada de hablar en público [20]. Los autores advierten que el estudio es de carácter preliminar, y que son necesarios estudios adicionales más grandes y bien controlados para fundamentar este efecto. Aunque el mecanismo preciso por el cual CDB ejerce sus efectos ansiolíticos no está bien establecido, puede actuar ya sea disminuyendo el flujo de sangre a las regiones del cerebro asociadas con el procesamiento de la ansiedad o de estímulos basados en el miedo, o posiblemente a través de la modulación de la neurotransmisión serotoninérgica [21,22].

 Referencias

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ESTRÉS POSTRAUMÁTICO

El trastorno por estrés postraumático (TEPT) es un trastorno psicológico clasificado dentro del grupo de los trastornos de ansiedad. Se caracteriza por la aparición de síntomas específicos tras la exposición a un acontecimiento estresante, extremadamente traumático, que involucra un daño físico o es de naturaleza extraordinariamente amenazadora o catastrófica para el individuo. Al parecer implica un procesamiento anormal de la memoria y una mala adaptación a condiciones ambientales diferentes [1]. Los síntomas característicos incluyen, recuerdos intrusivos persistentes, o una re-experimentación del acontecimiento traumático original (a través de sueños, pesadillas y flashbacks disociativos), entumecimiento y evasión, y el aumento de la excitación [2]. Es un trastorno muy común por ejemplo en ex-soldados.

Sistema Endocannabinoide y TEPT.

Evidencia creciente sugiere un papel importante del sistema endocannabinoide (SEC) en el trastorno. El sistema endocannabinoide (SEC) se ha relacionado con la regulación de los estados emocionales y los procesos cognitivos, y estudios neuroanatómicos han detectado la presencia de elementos del sistema endocannabinoide en una serie de estructuras cerebrales implicadas en el aprendizaje y la memoria, y en las estructuras que también desempeñan un papel central en el condicionamiento del miedo y la respuesta [3].

Estudios preclínicos.

Un número de estudios pre-clínicos demuestran que la inhibición del receptor CB1 evita la extinción de recuerdos adversos, un proceso natural de adaptación [4-7]. Por el contrario, en algunos casos, la activación del receptor CB1 parece mejorar en algún grado la desaparición de estos recuerdos [4,7], pero se necesita más investigación para aclarar y justificar este efecto. Sin embargo, no hay estudios que hayan investigado los efectos de THC per se en la extinción de recuerdos desagradables. En conjunto, la evidencia de estos estudios pre-clínicos sugiere un papel del sistema endocannabinoide en la extinción de recuerdos adversos, y plantea la posibilidad de que el sistema endocannabinoide puede ser una diana terapéutica válida para el tratamiento de enfermedades asociadas con la retención inadecuada de recuerdos adversos o respuestas inadecuadas a situaciones desagradables, como el trastorno de estrés postraumático o las fobias [5].

Ensayos clínicos.

Aunque evidencia informal sugiere que el cannabis ayuda en el tratamiento de los síntomas de TEPT, hasta ahora no existen ensayos clínicos controlados sobre este tema. De hecho, el único ensayo clínico reportado hasta ahora que examina el efecto de los cannabinoides en el TEPT es un ensayo abierto, no controlado por placebo sobre el uso de nabilona (cannabis sintético) para el TEPT [2]. En él, cuarenta y siete pacientes con diagnóstico de trastorno de estrés postraumático, con al menos dos años de historia de pesadillas relacionadas con TEPT resistentes a las terapias convencionales, con un mínimo de una pesadilla semanal, y sin historia previa de sensibilidad a los cannabinoides o evidencia de reacciones psicóticas, fueron admitidos en el estudio. Los pacientes comenzaron con 0,5 mg de nabilona, 1 h antes de la hora de acostarse. Todas las dosis se mantuvieron por debajo de 6 mg al día. El rango de dosis efectiva varió entre 0,2 mg y 4 mg por la noche. 72% de los pacientes reportaron el cese total o una disminución de la gravedad de las pesadillas (duración del tratamiento 4-12 meses o más). Otros beneficios reportados incluyen una mejora en el tiempo de sueño, una reducción de los flashbacks durante el día, y el cese de la sudoración nocturna. Los efectos secundarios reportados incluyen mareo, amnesia, mareos y dolor de cabeza. No se observó tolerancia a la nabilona en este estudio.

Otro estudio importante publicado el 2013, determinó que los pacientes con TEPT presentaban un nivel anormalmente bajo de endocannabinoides en su sistema. Este mismo equipo de científicos ha comenzado a desarrollar un medicamento que ofrezca unas ventajas similares a la marihuana, pero sin el potencial de adicción que puede tener el uso descontrolado de cannabis [8].

En la actualidad, un equipo de investigadores de la Asociación Multidisciplinar para Estudios Psicodélicos en conjunto con la la Universidad de Arizona han recibido la aprobación para comenzar a realizar el único estudio con marihuana fumada para tratar los síntomas del TPEP, la investigación la desarrollaran en veteranos de guerra que de manera regular no han obtenido beneficio de otros tipos tratamientos para este trastorno, en la actualidad están a la espera que el Instituto Nacional de Abuso de Drogas (NIDA, por sus siglas en inglés) les proporcione la marihuana para comenzar con la investigación [9].

 

Referencias

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  9. Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies.

ESCLEROSIS MÚLTIPLE

Informes clínicos y reportes informales que señalan la capacidad de los cannabinoides para reducir los síntomas relacionados con la esclerosis múltiple (EM), como el dolor, la espasticidad, la depresión, la fatiga, y la incontinencia son abundantes en la literatura científica [1-12]. Podríamos decir, que la investigación de cannabis y cannabinoides en relación a la EM es de las más activas y por tanto donde existe un mayor número de resultados prometedores.

Algunos estudios, tanto en pacientes que sufren de esclerosis múltiple y en modelos animales de la enfermedad, sugieren que el trastorno se asocia con cambios en los niveles de endocannabinoides, encontrándose menor cantidad de estos cannabinoides endógenos en las personas que sufren de la enfermedad y aumentando su concentración durante los brotes, sugiriendo que los cannabinoides juegan un rol importante en el desarrollo de esta enfermedad [13-16].

Disfunción motora, espasticidad, temblor y dolor.

Estudios preclínicos en diferentes especies animales, sugieren que los cannabinoides mejoran los signos de disfunción motora (problemas de movimiento y coordinación) en modelos experimentales de esclerosis múltiple [17]. En otro estudio, los animales afectados tratados con THC bien no tenían signos clínicos de la enfermedad o mostraron signos clínicos leves con retraso en su inicio, también los animales tratados tenían una marcada reducción en la inflamación del tejido del sistema nervioso central  en comparación con los animales no tratados [18].

Un estudio clínico publicado en el  2006 realizado con 167 pacientes con EM reportaron que el uso de extractos de cannabinoides obtenidos a partir de plantas enteras, alivian síntomas como el dolor, la espasticidad e incontinencia de la vejiga durante un período prolongado de tratamiento (la duración media de los participantes en el estudio  fue de 434 días) sin necesidad de aumento de la dosis [19]. Otro ensayo de dos años de extensión publicado el 2007 también informó que la administración de extractos de cannabis se asoció con reducciones a largo plazo en el dolor neuropático en algunos pacientes con EM [20]. Posteriormente en 2010, investigadores reportaron que inhalar cannabis redujo significativamente la intensidad del dolor y la espasticidad en pacientes con EM en un ensayo clínico aleatorizado y controlado con placebo. Llegaron a la conclusión de que «el cannabis fumado fue superior al placebo en la reducción de la espasticidad y el dolor en pacientes con EM y proporciona algún beneficio más allá del tratamiento prescrito» [21]. En el 2012 un nuevo ensayo (aleatorizado y controlado con placebo) con cannabis inhalado, que involucraba pacientes con EM que no respondían a la terapia convencional proporcionó resultados similares,  los investigadores concluyeron que «el cannabis fumado era superior al placebo en la reducción de los síntomas y del dolor en pacientes con espasticidad resistente al tratamiento» [22]. Por tanto, no es sorprendente que pacientes con esclerosis múltiple suelan informar que utilizan cannabis [23]

Inmunomodulación, neuroprotección y progresión de la enfermedad.

Aunque una gran cantidad de evidencia sugiere que los cannabinoides ejercen efectos inmunosupresores, que podrían ser beneficiosos en enfermedades como la EM, gran parte de esta información proviene de estudios pre-clínicos en los que los niveles de cannabinoides dados a los animales probablemente exceden a las que normalmente se administra a los pacientes [24]. Por lo tanto, se cree que los efectos beneficiosos de los cannabinoides es más probable que procedan de sus propiedades neuroprotectoras en lugar de sus características inmunosupresoras [24-26]. Sin embargo, investigadores también han informado de que la administración de THC oral puede estimular la función inmunológica en pacientes con EM. Señalando que estos resultados sugieren que los cannabinoides potencialmente podrían modificar la enfermedad [27].

Otros estudios sugieren que los cannabinoides también pueden inhibir la progresión de la EM además de retardar la progresión de los síntomas. En 2003, investigadores informaron que la administración de un cannabinoide sintético (WIN 55,212-2) proporciona “neuroprotección significativa” en un modelo animal afectado por EM. “Los resultados de este estudio son importantes porque sugieren que, además del manejo de los síntomas, el cannabis también puede ralentizar los procesos neurodegenerativos que finalmente conducen a la discapacidad crónica en la esclerosis múltiple y, probablemente, otras enfermedades”, concluyeron los investigadores [28]. Posteriormente investigadores españoles reportaron hallazgos similares, documentando que “el tratamiento de ratones con EM con un activador cannabinoide (WIN55,512-2) redujo su discapacidad neurológica y la progresión de la enfermedad” [29].

Encuestas

En el Reino Unido, el 43% de los pacientes con EM informó haber experimentado con cannabis en algún momento, y el 68% de esta población lo utilizó para aliviar los síntomas de la EM [30]. En Alberta (Canadá) en el año 2000, la prevalencia del uso medicinal de cannabis entre pacientes que buscan tratamiento para la EM fue de un 16%, con un 43% de los encuestados indicando que habían consumido cannabis en algún momento de su vida [31]. Mientras que el 14% de personas con EM encuestadas el 2002 en Nueva Escocia informó del uso de cannabis con fines médicos y un 36% señaló haber usado cannabis para cualquier propósito [32]. Los pacientes con EM informaron del uso de cannabis para controlar síntomas como la espasticidad y el dolor crónico, así como la ansiedad y/o depresión, también reportaron mejoras en el sueño [31,32]. Las dosis de cannabis fumado reportada por estos pacientes variaron de unas pocas bocanadas a 1 g o más a la vez [32].

Actualmente la Academia Americana de Neurología apoya la marihuana medicinal como una opción de tratamiento para los pacientes con EM. Publicado en el 2014, un reporte sobre terapias complementarias típicamente usadas cuando los tratamientos convencionales fallan, señala que el cannabis parece ser la terapia que muestra el potencial más fuerte [33]. Efectivamente, en la actualidad se receta el medicamento Sativex (un preparado farmacéutico derivado del cannabis con presencia de THC  y CBD) a muchos pacientes en EE.UU y Europa para tratar los síntomas derivados de la esclerosis múltiple.

 Esclerosis Lateral Amiotrófica

Aunque es otro tipo de esclerosis, la ELA también es una enfermedad del Sistema Nervioso Central degenerativa de tipo neuromuscular. Se origina cuando unas células del sistema nervioso llamadas motoneuronas disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal: en sus etapas avanzadas los pacientes sufren una parálisis total que se acompaña de una exaltación de los reflejos tendinosos.

Existe evidencia pre-clínica que implica el sistema endocannabinoide en la progresión de ELA  en modelos de ratón de la enfermedad, y bajo ciertas condiciones los cannabinoides han demostrado retrasar la progresión de la enfermedad modestamente y prolongar la supervivencia en estos modelos animales [34,35]. Un informe señala que el uso de cannabis hizo que disminuyeran calambres y fasciculaciones en pacientes con ELA que lo consumían fumado o bebían té de cannabis, con hasta un 10% de estos pacientes que utilizan marihuana para el control de síntomas [36].

 Lesión de la médula espinal (o enfermedad de la médula espinal)

Estudios pre-clínicos en animales sugieren que la lesión de la médula espinal provoca cambios en la actividad del sistema endocannabinoide, y que los agonistas del receptor cannabinoide pueden aliviar el dolor neuropático asociado con lesiones de la médula espinal [37-39]. Sin embargo, existe información clínica limitada respecto al uso de los cannabinoides para tratar los síntomas asociados con la lesión de la médula espinal, como el dolor, la espasticidad, espasmos musculares, incontinencia urinaria y dificultad para dormir.

Estudios doble ciego, cruzados controlados con placebo de un extracto oral de THC  y/o THC: CBD (Sativex®) sugirió mejoras modestas en el dolor, espasticidad, espasmos musculares, y la calidad del sueño en pacientes con lesión de la médula espinal [40,41]. Otro estudio doble ciego, aleatorizado controlado con placebo, mostró una mejora estadísticamente  significativa en las puntuaciones de la espasticidad en pacientes con lesión de la médula espinal [42]. Un más reciente estudio doble ciego, controlado con placebo, cruzado usando nabilona (cannabinoide sintético) también mostró una mejora en la espasticidad en comparación con placebo en pacientes con lesión de la médula espinal [43].

La vigente Regulación del Acceso a Marihuana Médica (MMAR, por sus siglas en inglés, sistema que da acceso a marihuana de calidad controlada para uso medicinal en Canadá) permite el uso de marihuana seca en el contexto de fuertes dolores y espasmos musculares persistentes asociados con la esclerosis múltiple y lesión de la médula espinal o enfermedad de la médula espinal en pacientes que o bien no se han beneficiado, o no se consideraría que obtendría beneficio de los tratamientos convencionales [44].

 

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  44. Minister of Justice, Government of Canada. Marihuana Medical Access Regulations. 2011.

Informes clínicos y reportes informales que señalan la capacidad de los cannabinoides para reducir los síntomas relacionados con la esclerosis múltiple (EM), como el dolor, la espasticidad, la depresión, la fatiga, y la incontinencia son abundantes en la literatura científica [1-12]. Podríamos decir, que la investigación de cannabis y cannabinoides en relación a la EM es de las más activas y por tanto donde existe un mayor número de resultados prometedores.

Algunos estudios, tanto en pacientes que sufren de esclerosis múltiple y en modelos animales de la enfermedad, sugieren que el trastorno se asocia con cambios en los niveles de endocannabinoides, encontrándose menor cantidad de estos cannabinoides endógenos en las personas que sufren de la enfermedad y aumentando su concentración durante los brotes, sugiriendo que los cannabinoides juegan un rol importante en el desarrollo de esta enfermedad [13-16].

Disfunción motora, espasticidad, temblor y dolor.

Estudios preclínicos en diferentes especies animales, sugieren que los cannabinoides mejoran los signos de disfunción motora (problemas de movimiento y coordinación) en modelos experimentales de esclerosis múltiple [17]. En otro estudio, los animales afectados tratados con THC bien no tenían signos clínicos de la enfermedad o mostraron signos clínicos leves con retraso en su inicio, también los animales tratados tenían una marcada reducción en la inflamación del tejido del sistema nervioso central  en comparación con los animales no tratados [18].

Un estudio clínico publicado en el  2006 realizado con 167 pacientes con EM reportaron que el uso de extractos de cannabinoides obtenidos a partir de plantas enteras, alivian síntomas como el dolor, la espasticidad e incontinencia de la vejiga durante un período prolongado de tratamiento (la duración media de los participantes en el estudio  fue de 434 días) sin necesidad de aumento de la dosis [19]. Otro ensayo de dos años de extensión publicado el 2007 también informó que la administración de extractos de cannabis se asoció con reducciones a largo plazo en el dolor neuropático en algunos pacientes con EM [20]. Posteriormente en 2010, investigadores reportaron que inhalar cannabis redujo significativamente la intensidad del dolor y la espasticidad en pacientes con EM en un ensayo clínico aleatorizado y controlado con placebo. Llegaron a la conclusión de que «el cannabis fumado fue superior al placebo en la reducción de la espasticidad y el dolor en pacientes con EM y proporciona algún beneficio más allá del tratamiento prescrito» [21]. En el 2012 un nuevo ensayo (aleatorizado y controlado con placebo) con cannabis inhalado, que involucraba pacientes con EM que no respondían a la terapia convencional proporcionó resultados similares,  los investigadores concluyeron que «el cannabis fumado era superior al placebo en la reducción de los síntomas y del dolor en pacientes con espasticidad resistente al tratamiento» [22]. Por tanto, no es sorprendente que pacientes con esclerosis múltiple suelan informar que utilizan cannabis [23].

Inmunomodulación, neuroprotección y progresión de la enfermedad.

Aunque una gran cantidad de evidencia sugiere que los cannabinoides ejercen efectos inmunosupresores, que podrían ser beneficiosos en enfermedades como la EM, gran parte de esta información proviene de estudios pre-clínicos en los que los niveles de cannabinoides dados a los animales probablemente exceden a las que normalmente se administra a los pacientes [24]. Por lo tanto, se cree que los efectos beneficiosos de los cannabinoides es más probable que procedan de sus propiedades neuroprotectoras en lugar de sus características inmunosupresoras [24-26]. Sin embargo, investigadores también han informado de que la administración de THC oral puede estimular la función inmunológica en pacientes con EM. Señalando que estos resultados sugieren que los cannabinoides potencialmente podrían modificar la enfermedad [27].

Otros estudios sugieren que los cannabinoides también pueden inhibir la progresión de la EM además de retardar la progresión de los síntomas. En 2003, investigadores informaron que la administración de un cannabinoide sintético (WIN 55,212-2) proporciona “neuroprotección significativa” en un modelo animal afectado por EM. “Los resultados de este estudio son importantes porque sugieren que, además del manejo de los síntomas, el cannabis también puede ralentizar los procesos neurodegenerativos que finalmente conducen a la discapacidad crónica en la esclerosis múltiple y, probablemente, otras enfermedades”, concluyeron los investigadores [28]. Posteriormente investigadores españoles reportaron hallazgos similares, documentando que “el tratamiento de ratones con EM con un activador cannabinoide (WIN55,512-2) redujo su discapacidad neurológica y la progresión de la enfermedad” [29].

Encuestas

En el Reino Unido, el 43% de los pacientes con EM informó haber experimentado con cannabis en algún momento, y el 68% de esta población lo utilizó para aliviar los síntomas de la EM [30]. En Alberta (Canadá) en el año 2000, la prevalencia del uso medicinal de cannabis entre pacientes que buscan tratamiento para la EM fue de un 16%, con un 43% de los encuestados indicando que habían consumido cannabis en algún momento de su vida [31]. Mientras que el 14% de personas con EM encuestadas el 2002 en Nueva Escocia informó del uso de cannabis con fines médicos y un 36% señaló haber usado cannabis para cualquier propósito [32]. Los pacientes con EM informaron del uso de cannabis para controlar síntomas como la espasticidad y el dolor crónico, así como la ansiedad y/o depresión, también reportaron mejoras en el sueño [31,32]. Las dosis de cannabis fumado reportada por estos pacientes variaron de unas pocas bocanadas a 1 g o más a la vez [32].

Actualmente la Academia Americana de Neurología apoya la marihuana medicinal como una opción de tratamiento para los pacientes con EM. Publicado en el 2014, un reporte sobre terapias complementarias típicamente usadas cuando los tratamientos convencionales fallan, señala que el cannabis parece ser la terapia que muestra el potencial más fuerte [33]. Efectivamente, en la actualidad se receta el medicamento Sativex (un preparado farmacéutico derivado del cannabis con presencia de THC  y CBD) a muchos pacientes en EE.UU y Europa para tratar los síntomas derivados de la esclerosis múltiple.

Esclerosis Lateral Amiotrófica

Aunque es otro tipo de esclerosis, la ELA también es una enfermedad del Sistema Nervioso Central degenerativa de tipo neuromuscular. Se origina cuando unas células del sistema nervioso llamadas motoneuronas disminuyen gradualmente su funcionamiento y mueren, provocando una parálisis muscular progresiva de pronóstico mortal: en sus etapas avanzadas los pacientes sufren una parálisis total que se acompaña de una exaltación de los reflejos tendinosos.

Existe evidencia pre-clínica que implican el sistema endocannabinoide en la progresión de ELA  en modelos de ratón de la enfermedad, y bajo ciertas condiciones los cannabinoides han demostrado retrasar la progresión de la enfermedad modestamente y prolongar la supervivencia en estos modelos animales [34,35]. Un informe señala que el uso de cannabis hizo que disminuyeran calambres y fasciculaciones en pacientes con ELA que lo consumían fumado o bebían té de cannabis, con hasta un 10% de estos pacientes que utilizan marihuana para el control de síntomas [36].

Lesión de la médula espinal (o enfermedad de la médula espinal)

Estudios pre-clínicos en animales sugieren que la lesión de la médula espinal provoca cambios en la actividad del sistema endocannabinoide, y que los agonistas del receptor cannabinoide pueden aliviar el dolor neuropático asociado con lesiones de la médula espinal [37-39]. Sin embargo, existe información clínica limitada respecto al uso de los cannabinoides para tratar los síntomas asociados con la lesión de la médula espinal, como el dolor, la espasticidad, espasmos musculares, incontinencia urinaria y dificultad para dormir.

Estudios doble ciego, cruzados controlados con placebo de un extracto oral de THC  y/o THC:CDB (Sativex®) sugirió mejoras modestas en el dolor, espasticidad, espasmos musculares, y la calidad del sueño en pacientes con lesión de la médula espinal [40,41]. Otro estudio doble ciego, aleatorizado contrrolado con placebo, mostró una mejora estadísticamente  significativa en las puntuaciones de la espasticidad en pacientes con lesión de la médula espinal [42]. Una más reciente estudio doble ciego, controlado con placebo, cruzado usando nabilona (cannabinoide sintético) también mostró una mejora en la espasticidad en comparación con placebo en pacientes con lesión de la médula espinal [43].

La vigente Regulación del Acceso a Marihuana Médica (MMAR, por sus siglas en inglés, sistema que da acceso a marihuana de calidad controlada para uso medicinal en Canada) permite el uso de marihuana seca en el contexto de fuertes dolores y espasmos musculares persistentes asociados con la esclerosis múltiple y lesión de la médula espinal o enfermedad de la médula espinal en pacientes que o bien no se han beneficiado, o no se consideraría que obtendría beneficio de los tratamientos convencionales [44].

 

Referencias.

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  44. Minister of Justice, Government of Canada. Marihuana Medical Access Regulations. 2011.

EPILEPSIA

Evidencia creciente señala un rol importante del sistema endocannabinoide en la modulación del tono neuronal y la excitabilidad, y posiblemente en la epilepsia. Estudios en humanos y animales sugieren  que la actividad epiléptica se asocia con cambios en los niveles y en la distribución de los receptores CB1 en el hipocampo [1-3]. Niveles reducidos del endocannabinoide anandamida se han detectado en el líquido cefalorraquídeo de pacientes con epilepsia del lóbulo temporal no tratados, diagnosticados recientemente [4].

Estudios preclínicos.

Estudios in vitro, así como llevados a cabo en animales,  sugieren que los cannabinoides tienen un efecto anticonvulsivo [5-9]. Sin embargo, también se ha descrito una actividad pro-convulsiva [5,10]. Los receptores CB1 principalmente se encuentran ubicados pre-sinápticamente, donde normalmente inhiben la liberación de neurotransmisores clásicos [11]. El efecto anti-epiléptico de los cannabinoides se cree está mediado por la inhibición presináptica de liberación de glutamato dependiente de receptores CB1  [2, 12]; por otro lado, los efectos epileptógenos (que induce convulsiones epilepticas) pueden ser provocados por la inhibición presináptica de la liberación de GABA [6,7,9,13,14]. Por lo tanto, los agonistas (activadores) de los receptores CB1 tienen el potencial de provocar o suprimir la actividad epileptiforme dependiendo de qué terminales presinápticos sensibles a cannabinoides son afectados (es decir glutamatérgica o GABA érgica) [5, 12].

Estudios clínicos

Una revisión de la literatura hasta el año 2001 que describe los efectos del cannabis sobre los síntomas de epilepsia en humanos concluyó que, si bien el consumo de cannabis puede reducir la frecuencia de convulsiones en algunos casos y provocar convulsiones en otros, en la mayoría de los casos es probable que no tenga ningún efecto [15]. Sin embargo, en los últimos años el cannabidiol (CDB) ha ganado popularidad como un antiepiléptico o anti-convulsivo, es fácil hallar casos de personas que reportan el cese de las convulsiones luego de comenzar a utilizar extracciones (aceite) de marihuana. Pero los primeros estudios científicos con CDB aún no han sido objeto de seguimiento con ensayos clínicos más grandes y convincentes para la comunidad médica. Una reciente revisión de Colaboración Cochrane destinado a evaluar la eficacia y seguridad de los cannabinoides como monoterapia o tratamiento complementario para los pacientes con epilepsia concluyó que la evidencia disponible no es suficiente para poder extraer conclusiones fiables sobre la eficacia de los cannabinoides como tratamiento para la epilepsia [16]. No obstante, en la actualidad una compañía farmacéutica se encuentra probando un medicamento llamado Epidiolex, una forma purificada de  cannabidiol  (CDB), para tratar las convulsiones de la epilepsia y otras enfermedades. Los primeros resultados son prometedores, el medicamento llevó a una reducción media en la frecuencia de crisis del 50% en un grupo de 27 niños y adultos jóvenes con epilepsia resistente al tratamiento, además el 15% de los pacientes quedaron completamente libres de convulsiones tras el tratamiento [17]. Se espera que durante el año 2015 se obtengas más resultados de las siguientes etapas de investigación. Iremos actualizando la página a medida que vaya sucediendo.
La vigente Regulación de Acceso a Marihuana Médica (MMAR, por sus siglas en inglés, sistema que da acceso a marihuana de calidad controlada para uso medicinal en Canadá) permite el uso de marihuana seca en el contexto de la epilepsia en pacientes que experimentan convulsiones y que, o bien no se han beneficiado, o no serían considerados de beneficiarse de los tratamientos convencionales [18].

 

Referencias.

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GLAUCOMA

El glaucoma es una enfermedad producida por múltiples factores, caracterizada por la degeneración progresiva del nervio óptico, muerte de células de la retina y reducción del campo visual, y que, en última instancia conduce a una ceguera irreversible [1]. Uno de los principales factores que pueden influir en la aparición de glaucoma es la presión intraocular (PIO) alta, sin embargo, el suministro inadecuado de sangre al nervio óptico, el daño oxidativo y la apoptosis de células ganglionares de la retina (CGR) también son factores que contribuyen [1-4]. El sistema endocannabinoide existe en muchos tejidos oculares, y estudios post mortem han detectado disminución de los niveles de endocannabinoides en tales tejidos obtenidos de pacientes con glaucoma [5].
La administración de cannabinoides tanto ocular como sistémica disminuye la PIO en hasta un 30% (ver [2] para una lista completa de referencias). El cómo los cannabinoides reducen la PIO no está clara, pero se han propuesto varios mecanismos posibles incluyendo la reducción de la presión capilar, disminución de la producción de humor acuoso, y una mejor salida del humor acuoso y una facilidad en la salida [6-10].
Un estudio piloto bien controlado de seis pacientes con hipertensión ocular o principios de glaucoma de ángulo abierto primario, informó que una única dosis sublingual  de 5 mg de THC (aplicada por medio de un spray oromucosal) redujo significativamente, pero de manera temporal, la PIO 2 horas después de la administración. Por otro lado, una única dosis sublingual de 20 mg cannabidiol (CBD) (que también contenía ~1 mg de THC) no tuvo ningún efecto, mientras que una  sola dosis sub-lingual de 40 mg de CDB (que contenía ~2 mg de THC) causó un aumento transitorio pero significativo de la PIO 4 horas después de la administración [11]. Un estudio clínico no aleatorizado, desenmascarado y no controlado informó una cierta mejora de la PIO después de la ingestión oral de THC (2,5 o 5 mg cuatro veces al día, hasta un máximo de 20 mg/día; duración del tratamiento de 3-36 semanas) en pacientes con glaucoma de ángulo abierto en etapa terminal, que no responden a los medicamentos o cirugía. Algunos pacientes parecieron desarrollar tolerancia a los efectos reductores de la presión intraocular del THC, y casi la mitad interrumpieron el tratamiento debido a los efectos psicoactivos y adversos asociados al THC (por ejemplo, mareos, sequedad de boca, somnolencia, depresión, confusión) [12].

Aparte de la reducción de la PIO, cannabinoides como el THC y el CBD también tienen efectos neuroprotectores lo que podría ser útil en el tratamiento del glaucoma [2, 13-22].

En conclusión, mientras se ha demostrado que fumar o comer cannabis reduce la PIO [23-25], la terapia basada en cannabinoide parece estar limitado por la corta duración de la acción de los cannabinoides (3-4 h) y los efectos físicos y psicotrópicos no deseados. Sin embargo, científicos señalan que los cannabinoides sintéticos también son efectivos en reducir la PIO y confieren neuroprotección y por tanto son el principal candidato como potencial nuevo tratamiento contra el glaucoma [26].

 

Referencias

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PARKINSON

A pesar de haber casos informales publicados sobre mejoría en el parkinsonismo, dichos datos no se han podido objetivar. Sin embargo, los productos derivados del cannabis pueden ser útiles en la discinesia (movimientos anormales involuntarios) inducida por el tratamiento con Levodopa (medicamento mayormente recetado para tratar la enfermedad de Parkinson) sin que se produzca un empeoramiento de los síntomas principales.

 

Estudios preclínicos: Sistema cannabinoide.

Muchos componentes del sistema endocannabinoide (ligandos, enzimas, receptores) son muy abundantes en los ganglios basales, las estructuras cerebrales  principalmente afectadas en la enfermedad de Parkinson (EP). Un estudio demostró que pacientes recién diagnosticados con EP tenían más del doble de anandamida (un cannabinoide endógeno) en el líquido cefalorraquídeo en comparación con personas sanas [1]. En modelos animales de EP los niveles de receptores CB1 parecen estar regulados durante las primeras etapas pre-sintomáticas de la enfermedad, pero durante las fases intermedias y avanzadas de la enfermedad hay un aumento en la densidad y la función del receptor CB1 y un aumento de los niveles de endocannabinoides [2]. En conjunto, estos estudios sugieren una relación compleja entre la enfermedad de Parkinson y los cambios en el sistema endocannabinoide.
Resultados de estudios en animales sugieren  que agonistas (activadores) de los receptores cannabinoides inducen hipocinesia (falta o reducción de movimiento), por lo que no serían adecuados como medicamento de primera linea para tratar la EP [3]. Pero, por otro lado, la hipocinesia inducida por cannabinoide podría ser útil en la atenuación de la discinesia observada en pacientes con EP en tratamiento con Levodopa a largo plazo [4]. Además, como algunos cannabinoides, por ejemplo el THCV, tienen efectos anti-oxidantes, posiblemente podrían tener potencial terapéutico. Pero se requiere mucha más investigación para determinar si los efectos beneficiosos del THCV observados en modelos animales de EP pueden encontrar aplicabilidad en los seres humanos [5].

 

Estudios clínicos.

Los resultados de los ensayos clínicos que examinan el papel de los cannabinoides (cannabis, nabilona y un extracto oral de cannabis  estandarizado) en el tratamiento de la EP son diversos. Un estudio que incluyó a cinco pacientes con EP idiopática no encontró mejoría en el temblor después de un solo episodio de fumar cannabis (1 g de cigarrillo que contiene 2,9% de THC, 29 mg de THC total disponible), mientras que todos los sujetos se beneficiaron de la administración de Levodopa y apomorfina (medicamentos utilizados para tratar este síntoma) [6]. Otro pequeño ensayo clínico aleatorizado del cannabinoide sintético nabilona (0,03 mg/kg) en siete pacientes con EP encontró que se redujo la discinesia inducida por el tratamiento con Levodopa [7]. En contraste, un ensayo de cuatro semanas, demostró que un extracto oral de cannabis (2,5 mg de THC y CBD) no produjo acción pro o anti-parkinsoniana [8].

Si bien los estudios clínicos realizados hasta ahora entregan información contradictoria, es necesario realizar más de este tipo de ensayos controlados en pacientes para determinar el beneficio efectivo del uso de cannabis o cannabinoides en la enfermedad de Parkinson. Sin embargo, científicos españoles señalan que al existir evidencia de que diversos cannabinoides muestran eficacia neuroprotectora sobre las neuronas, a través de una acción antioxidante, antiinflamatoria o antiexcitotóxica (anti daño y muerte de neuronas). Así como que la liberación endógena de cannabinoides tras daño neuronal constituye una respuesta fisiológica protectora. Si esta función neuroprotectora se puede transferir a la clínica, se creará un nicho importante para el desarrollo de agentes neuroprotectores [9] que puedan ser útiles en el tratamiento o la prevención de enfermedades neurológicas como el Parkinson.

 

 

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VIH/SIDA

La relación del cannabis con el VIH/SIDA se debe principalmente a dos efectos fisiológicos, el primero es la capacidad para estimular el apetito y aumentar el peso corporal, el segundo y que aún se encuentra en investigación sería la capacidad de los cannabinoides de funcionar como inmunomodulador, es decir, controlar el sistema inmune, aumentándolo o disminuyéndolo a ciertas dosis.

 Estimulación del Apetito

Un estudio mostró que fumadores experimentados de cannabis VIH positivos  con pérdida de masa muscular clínicamente significativa se beneficiaron tanto de dronabinol (un cannabinoide sintético, dosis 10-20 mg THC diaria) así como de cannabis fumado (tres inhalaciones cada 40 seg; cantidad diaria total estimada de 14,4 mg – 31,2 mg de THC por cigarrillo) [1]. Otro estudio posterior, empleó dosis aún mayores de dronabinol (20-40 mg en total de THC al día) y cannabis fumado (aproximado de 64-125 mg de THC total diario). Resultando en que ambos fármacos produjeron aumentos sustanciales y comparables en la ingesta de alimentos y el peso corporal, así como mejoras en el estado de ánimo y del sueño [2].

El vigente Reglamento de acceso a Marihuana Medicinal (MMAR) del departamento de salud de Canadá  permiten el uso de marihuana seca en el contexto de anorexia asociada al VIH/SIDA, caquexia y pérdida de peso en pacientes que o bien no han beneficiado, o no se podrían beneficiar con los tratamientos convencionales [3].

Sistema Inmune

Hoy se sabe que la capacidad inmunomoduladora de los cannabinoides tiene lugar principalmente a través de sus acciones en receptores específicos (CB2) presentes en las membranas de las células inmunológicas. Los receptores CB2 se expresan mayoritariamente en linfocitos B y en las células NK, pero también es posible encontrarlos en monocitos, neutrófilos, linfocitos T y mastocitos. Los resultados de las investigaciones a día de hoy son muy dispares, pudiendo encontrar variados hallazgos sin que éstos sean concluyentes.

Estudios in vitro (cultivos de células ), in vivo (modelos animales) y en consumidores de cannabis muestran que efectivamente algunos cannabinoides tienen efecto inmunomodulador, de forma que pueden incrementar o disminuir ciertas respuestas celulares y humorales (proliferación de los linfocitos B, linfocitos T y liberación de citoquinas) según el modelo experimental y el tipo de célula inmunitaria [4,5]. Estos efectos se producen a unas dosis de THC in vitro superiores a 5 mM y en modelos animales superiores a 5 mg/kg (en la especie humana una dosis de 0,02 a 0,04 mg/kg ya produce efectos psicoactivos) [4]. Otros estudios in vitro e in vivo sugieren que el efecto inmunomodulador del THC se puede atribuir en parte a la inducción de la apoptosis sobre las células inmunitarias [6].

El estudio más reciente que relaciona los cannabinoides y su efecto inmunomodulador fue publicado en junio de 2014, la investigación concluyó que la administración crónica de THC  reduce la carga viral y la inflamación del tejido duodenal en macacos rhesus machos infectados con el VIS, equivalente al VIH en simios. Esta nueva investigación indica que “un tratamiento crónico con THC modula las poblaciones de células T duodenales (células del sistema inmune presentes en el intestino), a favor de un equilibrio de citoquinas (proteínas producidas por células del sistema inmune que regulan el proceso de inflamación) pro-Th2, y disminuye la apoptosis (muerte celular) intestinal” [7].

 Encuestas

De todas formas, datos de encuestas indican que el cannabis es utilizado por uno de cada tres pacientes norteamericanos con VIH/SIDA para tratar síntomas de la enfermedad, así como los efectos secundarios de varios medicamentos antirretrovirales [8,11]. Otro estudio, informó que más del 60% de los pacientes con VIH/SIDA se identifican como “usuarios de cannabis medicinal” [12]. Los pacientes que viven con VIH/SIDA reportan con mayor frecuencia el uso de cannabis para contrarrestar los síntomas de ansiedad, pérdida del apetito y náuseas, y al menos un estudio ha reportado que los pacientes que consumen cannabis terapéuticamente son 3,3 veces más propensos a adherirse a sus regímenes de tratamiento antirretroviral que los no usuarios de cannabis [13].

Ensayos clínicos

Datos de ensayos clínicos indican que el consumo de cannabis no tiene un impacto adverso en el recuento de células T (CD4 y CD8)  [14,15] y que puede incluso mejorar la función inmune [16,17].

En 2007, investigadores de la Universidad de Columbia publicaron datos de ensayos clínicos informando que los pacientes con VIH/SIDA que inhalaron cannabis cuatro veces al día experimentaron aumentos sustanciales en la ingesta de alimentos… con poca evidencia de incomodidad y sin deterioro del rendimiento cognitivo. Concluyeron que “La marihuana fumada… tiene un beneficio médico claro en pacientes VIH positivos” [2].

Ese mismo año, investigadores del Hospital General de San Francisco y la Universidad del Centro de Investigación Clínica del Dolor de California informaron que la inhalación de cannabis reduce significativamente la neuropatía asociada al VIH en comparación con el placebo. Los investigadores informaron que la inhalación de cannabis tres veces al día redujo el dolor de los pacientes en un 34%. Llegaron a la conclusión de que “el cannabis fumado fue bien tolerado y eficaz, alivia el dolor crónico neuropático asociado al VIH de manera similar a los medicamentos orales utilizados para este dolor” [18].

Posteriormente en el año 2008, investigadores de la Universidad de California en San Diego reportaron hallazgos similares. Publicado en la revista Neuropsychopharmacology, concluyeron: «el cannabis fumado… redujo significativamente la intensidad del dolor neuropático asociado al VIH en comparación con el placebo, cuando se añade a los analgésicos estables, además el estado de ánimo, incapacidad física y calidad de vida mejoraron significativamente durante el estudio del tratamiento… Nuestros hallazgos sugieren que la terapia con cannabinoides puede ser una opción efectiva para el alivio del dolor en pacientes con dolor debido al VIH intratable médicamente »  [19].

Más recientemente, la inhalación de cannabis se ha asociado con el aumento de los niveles de hormonas del apetito en la sangre de pacientes con infección por VIH [20]. En modelos animales (estudios preclínicos), la administración de THC se ha asociado con una disminución de la mortalidad y mejora en la progresión de la enfermedad [21]. También, en modelos preclínicos, se ha demostrado que los cannabinoides  disminuyen la replicación del VIH [22].

Algunos expertos creen que “la marihuana representa otra opción de tratamiento en la gestión de la salud” de los pacientes con VIH/SIDA [23] y que los cannabinoides «podrían ser utilizados en conjunto con los medicamentos antirretrovirales existentes, abriendo la puerta a una nueva generación de terapias para el VIH/SIDA» [24].

Aun de existiendo bastante evidencia de los buenos resultados de la utilización de cannabis y cannabinoides, es necesario reafirmar que ningún resultado es concluyente ante lo cual falta investigación que nos pueda indicar el verdadero efecto del uso de cannabis o cannabinoides sobre el VIH/SIDA.

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  24. Temple scientists weaken HIV infection in immune cells using synthetic agents. May 1, 2013.
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Ley 1787 del 2016 artículo 3 parágrafo sexto

El estado deberá proteger y fortalecer a los pequeños y medianos cultivadores, productores y comercializadores nacionales de cannabis medicinal

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